Alguien me dijo una vez que en las relaciones, el poder lo tiene el que menos quiere, pero entonces la pregunta sería:
¿Cómo se sabe quién es el que quiere menos?
¿y el que quiere más?
Tal vez es el más romántico.
El que le regala flores al otro.
El que dice “te amo” más veces por día,
El más celoso.
El que se pone como una furia cuando el otro le ignora
o el que no soporta la ausencia.
¿El que es capaz de matar por amor?
¿O será de morir por amor?
Hoy me han dicho, precisamente: “Yo cuando quiero a alguien, lo quiero a muerte”. La persona lo decía con orgullo, como si cualquier otra forma de amor fuera inferior, pero yo creo que los celos, la furia, la culpa o la sensación de abandono tienen mucho que ver con aferrarse al otro, con pensar que la otra persona nos completa o que la necesitamos para vivir.
En mi opinión, la vida y el amor son prácticamente lo mismo y ambos son (o deberían ser) libres.
Cuando uno se aferra a otro (con celos, dependencia o violencia) quiere mal, por muy pasional que parezca el tema. El amor sano, el amor libre, puede ser igual de intenso, pero resulta mucho más satisfactorio.
El que es capaz de querer y al mismo tiempo respeta al otro, es libre e independiente, no se ofende y no pone expectativas sobre los hombros de la pareja, ese es el que quiere más y mejor, y tendrá siempre el poder sobre sí mismo, por lo que no necesitará tener poder sobre nadie más y no importará quién quiere más o menos.
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