¿Leer es devorar o paladear?

niño subido a una montaña de librosMe gustaría acordarme del primer libro que leí, seguro que tenía animalitos y hojas gruesas de cartón, pero no lo sé, lo que sí recuerdo es que me escondía por los rincones con un libro como si fuera lo que era: mi compañero de juego. Me ocultaba porque la casa siempre estaba llena de gente, de ruido y de cosas que “había” que hacer, sobre todo cuando te veían ocioso.

Me escondía de las personas y de la actividad, y me iba tras los personajes a ese otro mundo mucho más real para mí.

Recuerdo haber “devorado” todo lo que pescaba al azar en la biblioteca de casa: la Karenina de Tolstoi, Gironella, Tagore… más todos los clásicos del colegio que yo me leía completos cuando mandaban el primer capítulo, y el día del examen ya no me acordaba de si Fortunata era la prima o la otra.

Uno que me enseñó a “devorar” fue Tolkien. Me lo comí “toito”; hasta el Silmarilión que era un verdadero petardo.

El único que se me atragantó fue Guerra y paz. No pude con él, por más finas que cortara las rodajas.

Pero, de repente me encontraba a Unamuno, que me decía con su San Manuel: “Párate y piensa”, o llegaba el extranjero de Camus y me hacía quedarme quieta, aplastada por el calor.

Esos libros que recuerdo, que he vuelto a leer en varias ocasiones, me enseñaron a “paladear” la lectura, a no pasar las páginas y darme un atracón, sino a saborear cada bocado como si fuera el único.

Pasado el episodio de calma, volvía a devorar cipreses que creían en Dios y buscaba historias de pilares y de tierras lejanas.

“Muy luego”, en mis manos caía la Odisea y me retenía a mí también Calipso en su isla, veía cíclopes y oía a las sirenas, e imaginaba a todos los lectores hacia atrás en el tiempo, lectores que de tanto retroceder se convertían en oyentes, y me quedaba con la boca abierta escuchando, compartiendo el pasmo con Lucy. Sí Lucy Australopithecus.

Y así seguí alternando la piara con el foie francés, hasta que llegó Thomas Mann, me subió a una montaña mágica y me quitó el gusto por el foie :) . Ya solo me gustaba el paté. Eso sí, tapa negra.

Y ahora ha llegado, por fin, Proust, exactamente en el único momento en el que lo podía leer y me he fundido con él en la inteligencia colectiva y me ha hecho encontrar algo que hemos perdido en esta era nuestra de estrés: el tiempo.

Tal vez a alguno le sorprenda este artículo de hoy; otro día devoraremos consejos o citas, hoy tocaba paladear.

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Acerca de nataliagomezdelpozuelo

Natalia Gómez del Pozuelo nació en Madrid en 1967, es Licenciada en Ciencias Empresariales con un postgrado en Marketing por la Universidad de Berkeley. Su último cargo ha sido como Directora General de Marketing, Distribución y Grandes Proyectos en OPTENET. Anteriormente ocupó distintos puestos de dirección en las áreas Comerciales y de Marketing de ALCATEL y CARREFOUR. Ha participado como ponente en numerosos Congresos, programas de radio y televisión y ha publicado varios artículos de opinión en medios escritos. En la actualidad, combina la escritura con la enseñanza tanto en el ámbito de la empresa (Acciona, Wolters Kluwer, FCC…), como en el universitario, donde actualmente imparte cursos en varios MBAs oficiales.
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4 Respuestas a ¿Leer es devorar o paladear?

  1. Juana dijo:

    Hay libros que devoré sin apenas espacio para respirar, cuando los terminé estaba exahusta …. otros sin embargo, los leí paladeando cada capítulo, leyendo poquito a poquito como con miedo a terminar …. otros los leo con la calma de los “espacios” cotidianos, con el placer de que “siempre” estaran por aquí ….

  2. Incluso Natalia, parte de estos “devorar” y “paladear” se hacen más gratificantes cuando uno tiene el libro entre las manos y va deleitándose página a página sorprendiéndose de lo que nos va develando hasta leer la totalidad de sus secretos… vale la pena vivir para leer!

  3. Karla Jimenez dijo:

    Natalia, me parece maravillosa la reflexión que haces sobre devorar o paladear, en mi caso me pasaba lo mismo devoraba con ansias locas cada historia, cada libro pero existen unos que otros que no se si será el contenido o la identificacion que uno pueda tener o no con el que simplemente no se pueden devorar se deben paladear, una a una de sus hojas y regresar a ellas, puede ser que en otro momento el paladar nos diga otra historia. Me encantó gracias!

  4. Raimón. dijo:

    Encantado de recibir tus correos Natalia, los leo con interés!

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