Mis hombros preferidos

El artículo de la semana pasada iba de cuernos y de qué hacer con ellos… de cómo podemos intentar sacarle siempre el lado positivo, o al menos el aprendizaje, a cualquier situación.

Como dice la canción:

“que todo salga mal no es tan malo”.

Hoy le quiero dar una vuelta de tuerca al asunto. (Para los que no lo hayan leído, está aquí.)

¿Por qué mi amigo me llamó a mí para hablar sobre ese tema?

Porque las relaciones entre las personas son como las lianas de una selva: hay muchas posibilidades y cada uno se agarra a las que necesita.

A él le salía del estómago salvar su pareja, o al menos intentarlo, y por eso me llamó a mí. Sabía que encontraría palabras positivas y de calma.

Para llorar, escogemos nuestros hombros preferidos.

Si hubiera querido romperla, habría llamado a alguien más beligerante porque, en realidad, en esa selva vamos hacia donde tenemos que ir, nuestro único camino posible: lo que nos hace sentir bien.

Por eso nos rodeamos (o nos convendría rodearnos) de las personas que nos pueden acompañar en ese “sentirnos mejor”.

Cuando todavía no nos conocemos a nosotros mismos o somos inmaduros, dejamos que sean otros lo que nos elijan pero, con los años, nos vamos quitando capas y seleccionamos mejor nuestras compañías. Cada vez tenemos menos en cuenta el qué dirán o lo que “deberíamos” hacer.

Lo bonito del tema es que, cuando yo elijo a alguien para que me acompañe un trozo del camino, ese “alguien” me está eligiendo también a mí porque yo le puedo acompañar, aunque sea en algo totalmente distinto a lo que me aporta a mí esa persona. Por tanto, nos servimos mutuamente de soporte.

Lo que nunca hay que olvidar es que, si no somos capaces de soltar algunas de las lianas anteriores, no avanzaremos mucho o nos pasaremos la vida dando vueltas por una misma zona; lo que puede ser estupendo si lo elegimos de manera consciente. Pero hay veces que queremos “soltar” a alguien porque los cambios de uno y otro hacen que hayamos perdido la afinidad, aunque guardemos el cariño y el contacto. En ese caso, no pasa nada: suelto y sigo.

Artículos relacionados:
Los daños colaterales del cambio
Me gusta la gente positiva.
En las relaciones, el poder lo tiene el que quiere menos ¿o será el que más quiere?
Que te pongan los cuernos no es tan malo
Hablemos del tiempo
Las 10 claves para que las vacaciones de tus hijos no te vuelvan loco
Y a ti, ¿qué es lo que más te aburre?
La vida es juego

Acerca de Natalia Gómez del Pozuelo

Nací en Madrid el siglo pasado (el año da igual ¿verdad?), estudié Empresariales e hice un postgrado en Marketing por la universidad de Berkeley, lo que me sirvió para trabajar más de 15 años en diferentes puestos directivos de varias empresas multinacionales. En ellas aprendí mucho sobre gestión, proyectos, marketing y comunicación. Salir de España y vivir en varios países me hizo entender que “tener razón” no es importante, lo que sí es crucial es mantener la mirada abierta y creativa para observar la realidad desde diferentes puntos de vista y tratar de vivir en consonancia con aquello que nos produce bienestar. Por ello, un día, en un momento de lucidez decidí cambiar de rumbo y dedicarme a escribir. Hoy, 10 libros y muchos artículos después, siento que hago lo que de verdad me gusta, tanto en la escritura como en la formación y en las conferencias que imparto.
Esta entrada fue publicada en Varios, Vida y etiquetada , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s