El estrés puede matar

Crónica de un día

Son las 17:45. Voy en el coche. Suena el móvil. Es mi secretaria:

—Natalia, han llamado de Francia, tenéis el kick-off meeting para el proyecto pasado mañana en París. He mirado en Internet y tendrías un vuelo por 200 euros a las 06:50. Si no lo compro ahora, probablemente suba al doble dentro de una hora.

—Envía por favor un correo al Project Manager para ver si quiere asistir él también y compra mi billete. Añade una tarea en el Outlook para que mañana revisemos la presentación.

—Ya lo he intentado, pero está caída la red interna y no tengo acceso a tu ordenador.

—Espera un momento, que me está entrando otra llamada. No cuelgues.

<Menú> <Aceptar llamada entrante>

—¡Hola, mamá!

—¿Vas conduciendo?

—Sí, pero no te preocupes que llevo el manos libres.

—¿No tenías hoy tutoría?

—Sí, por eso he dejado un montón de cosas sin hacer y he salido corriendo de la oficina.

—Chica, lo del horario reducido es una tomadura de pelo. Cobras menos y trabajas lo mismo.

—Ya, mamá… Espera que me llaman. No cuelgues.

<Menú> <Aceptar llamada 3>

—Natalia, me han dicho que la reunión es en París pasado mañana, yo no puedo ir, estoy en Italia. Si quieres me pasas la presentación y añado las últimas referencias.

—De acuerdo, mañana cuando la revise te la mando.

<Menú> <Recuperar llamada 2>

(Me voy a acabar matando en el coche. La verdad es que debería encargar un manos libres)

—Mamá, ¿decías…?

—¿Qué si te acuerdas de que los niños no vienen en la ruta?

—Sí. ¿Podrías recogerlos tú?

—Muy bien. Pásate a por ellos cuando salgas.

<Menú> <Recuperar llamada>

—Perdona, ya he hablado con el Project Manager. No puede venir a la reunión. Si no se arregla lo de la red antes de que te vayas, mándame un SMS para recordarme lo del Outlook y luego en casa me conecto y lo intento hacer yo.

—De acuerdo, hasta mañana.

Son las 22:30. Estoy en casa. He ido a la tutoría. Me ha costado un montón aparcar y he llegado tarde. He recogido a los niños en casa de mi madre. Me ha repetido que parezco tonta, que la empresa no es mía. Nos hemos ido a casa y he dado de cenar a los niños; he repasado los deberes con los mayores; he contado un cuento a las pequeñas; se han acostado todos y he tenido que enfadarme tres veces hasta que he conseguido que se durmieran; me he preparado algo de cena que tengo aquí sobre la mesa en una bandeja, pero todavía no he probado bocado; he entrado en el Outlook para crear la tarea de revisar la presentación; he mirado mi correo y hay un mail de un amigo que me envía un texto para que le dé mi opinión. El primer párrafo me salta a la cara con una fuerza que me deja sin respiración:

«Una propuesta para nuestros tiempos rápidos es ir despacio. Porque no tener tiempo es como no tener nada. Y porque ir despacio no significa no llegar, sino llegar de la mejor manera posible, elegir hacer pocas cosas, que es una buena manera de hacer alguna de verdad.»

Me dan ganas de tirarme de lo pelos, de chillar: «¿cómo se hace eso? ¿a quién elimino de la lista?», desde luego a mí misma no, así que suspiro, intento sonreír y empiezo a revisar el texto… despacio, a conciencia, disfrutando. Luego leeré o escribiré un rato, también despacio. ¿Y mañana? Mañana será un día más de concentrar muchas cosas para poder hacer algunas despacio. De momento, no encuentro otra forma de vivir. Pero sigo buscando.” (Extraído de mi libro Buen padre, mejor jefe.)

Este relato lo escribí hace ya más de 5 años. Desde entonces he dado un cambio radical a mi forma de vivir, aunque todavía me queda mucho camino por recorrer. No me ha resultado fácil y he tenido que renunciar a bastantes cosas (sobre todo materiales), pero la sensación de plenitud y la relación que tengo ahora con mis hijos, con mi trabajo y, sobre todo, con el tiempo, las compensan con creces.

No es fácil cambiar de hábitos, pero hay algunas pautas de comportamiento que son fáciles de aplicar y que pueden modificar nuestra percepción del tiempo y reducir el estrés en gran medida. Muchas de ellas las tienes en el libro Buen padre, mejor jefe, y un resumen en el artículo: Gestiona tu tiempo para ser más feliz.

Como dice Carl Honoré ¡Reconecta con tu tortuga interior!

Artículos relacionados:
Gestiona tu tiempo para ser más feliz
6 pistas para que cualquier trabajo te salga mejor

Acerca de Natalia Gómez del Pozuelo

Nací en Madrid el siglo pasado (el año da igual ¿verdad?), estudié Empresariales e hice un postgrado en Marketing por la universidad de Berkeley, lo que me sirvió para trabajar más de 15 años en diferentes puestos directivos de varias empresas multinacionales. En ellas aprendí mucho sobre gestión, proyectos, marketing y comunicación. Salir de España y vivir en varios países me hizo entender que “tener razón” no es importante, lo que sí es crucial es mantener la mirada abierta y creativa para observar la realidad desde diferentes puntos de vista y tratar de vivir en consonancia con aquello que nos produce bienestar. Por ello, un día, en un momento de lucidez decidí cambiar de rumbo y dedicarme a escribir. Hoy, 10 libros y muchos artículos después, siento que hago lo que de verdad me gusta, tanto en la escritura como en la formación y en las conferencias que imparto.
Esta entrada fue publicada en Cambio, Gestión del tiempo, Habilidades, Vida y etiquetada , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Una respuesta a El estrés puede matar

  1. manuel dijo:

    El estrés de mi vida va por otras líneas más difusas,que no mejores. Vivirás muchos años,si el trabajo es salud y estás enamorada. Aunque sé que me repito,me gusta leerte.Me produce una sacudida balsámica

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s